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Nota a los periodistas

Soy Álvaro Castrillo Schneiter, participé como miembro de la comisión de comunicación de la acampada de Zaragoza durante el 15M de 2011.

Quiero denunciar en los medios lo insostenible de una acusación que se ha formulado sin pruebas e impulsada por la inquina de La Caixa hacia el movimiento 15M.

Lo pongo todo en situación: El 19 de Julio de 2011 la acampada de Zaragoza levantó su campamento para instalarlo en el edificio ocupado “el paraguas” en la calle Lagasca de la capital aragonesa tras la manifestación contra el pacto del Euro. Unos días más tarde y para mi sorpresa, me llegó una citación del Juzgado llamándome a declarar como imputado por un delito de usurpación de inmueble.

En mi Declaración dije que no solamente no había sido responsable de esa ocupación, de hecho era manifiestamente contrario a esa idea que surgió durante las asambleas. Obviamente, tampoco tomé parte efectiva alguna en la ocupación del edificio ya que en esos momentos me encontraba volviendo a casa junto a un amigo al que nadie, a día de hoy, ha llamado para comprobar mi coartada.

Al parecer, por parte de ServihabitatXXI, inmobiliaria perteneciente a La Caixa, es suficiente con la simple alusión a mi trabajo como miembro de la comisión de comunicación para considerarme autor de pleno derecho de los hechos que me imputan, considerándome “portavoz” o “dirigente” del Movimiento 15-M, argumentando al parecer el absurdo de que el portavoz de un Movimiento es el responsable de los actos de terceros. En este punto me pregunto ¿Son los portavoces de los partidos políticos responsables penales de las conductas ilegales de algunos miembros de su partido, que tan a diario vemos en los Medios? Y por otro lado, el 15M no tiene portavoces.

Esto es algo que saben bien los distintos periodistas con los que traté durante la acampada de 2011 y a los que les repetí hasta la saciedad que yo era sólo un miembro de la comisión que manejaba información y que, como tal, gustosamente atendía a los medios de comunicación que me lo solicitaban. Y al parecer, ya que otras evidencias no se han presentado, fue el hecho de que mi nombre apareciera en ocasiones en los medios de comunicación la única razón de la cual se han servido los interesados para considerarme ni más ni menos que el autor de los hechos e interponer una denuncia contra mi persona (entre otras), atribuyéndome en consecuencia un delito de usurpación de inmueble.

En este punto, señalar que el delito de usurpación de inmueble no es cosa baladí, dado que implica que fui yo el que, según la acusación, planeé la operación,ejecuté la patada en la puerta, metí a la gente dentro, organicé la resistencia y pretendí quedarme permanentemente con el edificio; siéndome esta imputación extremadamente calumniosa y lesiva para mi imagen y honor público.

Ni una foto, ni una identificación el día que se ocupó, ni el día del desalojo, ni un testimonio acusador… declaraciones en la prensa que demuestran que ejercí mi profesión, la de periodista, durante el 15M en la plaza del Pilar.

Pura presión. Un toque de atención al 15M, al estar “desinstitucionalizados” quieren romper el caparazón de seguridad que nos da la horizontalidad, haciéndonos ver que pueden extraernos uno a uno, “deshorizontalizarnos”, para dar cuenta de nosotros individualmente.

Tampoco creo que sea casual que se haya anulado judicialmente a un miembro de la comisión de comunicación, que además de la facilidad para relacionar mi nombre al 15M, se quitaban del medio a la persona que llevaba acabo la gestión de medios, uno de los administradores de contenidos de la web del 15M y un community co-manager. Un golpe a la caja de resonancia.

Lo mejor que me puede pasar en este posible procedimiento es que se haga público el sumario y se haga evaluación pública del mismo, a fin de que la gente tenga ocasión de valorar por sí misma los hechos que estoy narrando, esa es sin duda mi mejor defensa.

Decir que todo esto, a nivel personal, me genera un enorme sentimiento de indefensión, indefensión extrapolable no solo a mi, sino de hecho, a cualquier ciudadano que os es en un momento dado, rebelarse pacifica y democráticamente contra el sistema o las normas establecidas, o levantar la voz contra algo que considere y se demuestre que es injusto. Lo que me ha pasado a mí y a algunos de mis compañeros, le puede pasar a cualquier persona. Cada día más.

No quiero demostrar mi inocencia, ellos deben demostrar mi culpabilidad.

Si has llegado hasta aquí: ¡gracias!; Álvaro.

Querido Nacho…

Querido Nacho. Me asusté mucho cuando me dijeron que habías salido malherido de la brutal agresión de la policía en la calle Lagasca y me alegra que ya estés más recuperado. No quiero entrar en la cuestión de la conveniencia o inconveniencia de vuestra okupación de un inmueble, si bien me decías que, de momento, únicamente lo estabais limpiando y adecentando, pues no quiero que ese árbol dificulte la visión de la totalidad del bosque. También supe que no os desalojaron del edificio, pues habíais decidido quedaros fuera, en la calle, sobre la acera. A resultas de lo allí sucedido, no quiero imaginar lo que podría haber ocurrido dentro, sin cámaras ni testigos.

Acabaste en el hospital, con múltiples contusiones y heridas, producto de las patadas. Sé que eres una persona convencida de que el pacifismo es la vía adecuada en cualquier situación o acción reivindicativa. Más aún, me dijeron que insististe a tus compañeros para no dar argumentos a vuestros detractores al utilizar actitudes o actos violentos. Tú mismo me contaste al día siguiente que, en pleno fragor de aquella mañana, dijiste a los policías que podíais ser sus hijos o sus hermanos. Yo te creo, Nacho; te conozco y te creo. Sé que dices la verdad al contar que, mientras un policía te pisaba la cara contra el suelo, otros te pateaban el cuerpo y otro más te rompió de una patada en los testículos. Poco pudieron ver los compañeros, fotógrafos, periodistas y curiosos, pues los policías habían formado un semicírculo para ocultar la escena, pero tu cara y tu cuerpo delatan el troglodítico proceder de aquellos policías, y ya no orinas sangre, menos mal, menudo susto tuvimos en el cuerpo todos, especialmente tus padres.

No soy capaz de adivinar qué pasaba por la cabeza de esos policías que actuaron con tan extrema violencia contigo. Reciben el nombre de “agentes del orden”, pero, viendo lo que hicieron, no quiero ese orden para mi país ni para su gente. Imponen orden, sí, pero solo el que conviene a los que se autodenominan también “gente de orden”. Son llamados “fuerzas de seguridad”, pero su violencia puede producir muy poca seguridad a cualquiera. Desconozco qué les exigen para ser policías, pero ante todo debería inculcárseles que han de ser ejemplo de civismo para toda la ciudadanía y que el empleo de la violencia debe ser siempre proporcionado. Precisamente por eso, están de más las patadas y los insultos a una persona como tú, hasta dejarte inconsciente y tirado como un guiñapo en la calle, entre la gente que pedía una ambulancia e intentaba reanimarte inútilmente.

No quiero olvidarme del buen trabajo que la policía lleva a cabo en otros ámbitos y a veces en circunstancias penosas o arriesgadas. Todos se lo agradecemos y lo valoramos. Pero he visto a la policía en Barcelona, en Zaragoza, en Grecia, en Siria y en muchos otros lugares de Europa y del mundo, y en todos los casos hay un mismo común denominador: atacan a los que poco o nada tienen, a los indignados, a las víctimas del desorden mundial y la crisis económica, y defienden los intereses de los ricos, de los que engordan su riqueza con la carroña de quienes van quedando en la cuneta. Me pregunto si alguna vez esos policías caerán en la cuenta del cometido real que están desempeñando. Seguramente, muchos de ellos contestarán que se limitan a cumplir órdenes, ignorando así que la excusa de “yo cumplo órdenes” está en la base de las fechorías y crímenes de muchos regímenes totalitarios. No he visto policías deteniendo a un empresario por perpetrar un ERE injusto y criminal, a los financieros responsables de esta crisis, a los tres ejecutivos de Bankia que cobrarán 10,1 millones de euros al año, a cuantos consienten que en España haya más de 1,2 millones de viviendas desocupadas. Estos y otros muchos como ellos son los verdaderos delincuentes, pero no los detienen,

Me extraña también el silencio de los partidos políticos que se dicen de izquierdas en Aragón. Dejo al margen al PSOE, en tierra de nada ni de nadie desde hace ya demasiado tiempo, pero miro a CHA e IU y parecen no haberse enterado de nada, no enterarse de nada. Me pregunto en qué está quedando eso que antaño decíamos con orgullo: izquierda. Me pregunto qué entienden y que pretenden realmente esos grupos políticos con su “oposición constructiva”, también si han decidido que hechos como los del jueves pasado en la zaragozana calle Lagasca no les concierne.

Solo me resta pedirte que sigas así y no cambies, que la violencia institucional no haga vacilar tus convicciones pacifistas, que sigas creyendo que otro mundo es posible. Gracias por ser mi amigo. Un fuerte abrazo.

ANTONIO Aramayona, Profesor de Filosofía

Vía: elperiodicodearagon